miércoles, 20 de noviembre de 2013

Un año más...







...es comprobar quiénes siguen a tu lado, es percatarse de que uno perdió, tal vez, un 365 días quejándose o fijándose en detalles y en otras superficialidades que no son más que sucesos temporales. Es una sensación híbrida: se combinan los triunfos, las metas logradas, las sonrisas desbordantes y esos momentos inolvidables, junto con aquellos sinsabores que nos recuerdan que somos mortales y que la felicidad se basa en pequeños momentos que hay que saber aprovechar. Un año más son sentimientos encontrados, un torbellino de sucesos que se te vienen a la mente y de planes a futuro para los que este lapso de tiempo no alcanza; son momentos en que uno se aferra a utopías como así también destierra ideas que ya no cuadran dentro del marco de pensamiento “nuevo”. Empezar otro año es disfrutar de ver uno más de estos a cada ser amado, de poder descubrirle esa sonrisa que va a quedar impresa en tu recuerdo, de poder abrazarlo con diferentes intensidades, de poder compartir sus victorias y tropiezos. Sumar un año es intentar mejorar, es aprender del pasado y es otra oportunidad para caer, porque somos humanos y no nacimos para vivir una vida perfecta y sintética; es derramar lágrimas por motivos que desconocíamos, es un año más de exploración y de tesoros encontrados, de aventuras cotidianas que a veces se asemejan a una odisea.

Algunos me dirán que un año más es sólo eso, como si fuese poco o como si pudiese medirse a este únicamente a través de pruebas físicas cada vez más rotundas que nos cuentas del paso del tiempo.

Tal vez algunos digan que hoy hablo esto desde la inexperiencia, desde el optimismo y la convicción propios de un adolescente que se cree que se lleva el mundo por delante. Y tal vez sea así, pero también puede que sean un tanto extremistas y exagerados al emitir una opinión de ese tipo porque la actitud positiva es algo que no depende de los años sino del espíritu y de la voluntad de la persona.

 Lejos de querer contarle a la gente en una actitud de soberbia qué se siente sumar un año más a los 20, lo que quiero es expresar mi humilde, pero no por eso insulsa visión del paso del tiempo.

Hay años que creo que son decisivos en la vida de alguien; hay años que te marcan para “todo el viaje,” como diría algún viejo. Y lógicamente los años van a ser distintos porque cada segundo que pasa es diferente. Entonces, pues, serán más intensos, otros más estables, otros más dignos de ser recordados; pero lo que nadie puede discutirme es que expresar que un año no sirvió es ser un poco desagradecido con la vida y un poco básico en la percepción y en la “práctica” de la misma.



Federico

lunes, 28 de octubre de 2013

Hoy me inquieta callar...

Hoy me inquieta callar,
dejar correr el viento.
Me intriga dejar mi mente en blanco ,
que no me cuenten más cuentos.

Preciso decir el silencio,
oírlo, dejar que erice mi piel.

Que la bruma me tape,
que mi sollozo no escape.

Necesito un pedacito de cielo,
solo un trocito de aquel,
en el que escupa mis miedos.

Hoy espero sentir tu mano fría en mi pecho
Calmarme, contar cada movimiento en mi piel.
Basarme no más que en hechos
y no pensar en si eres fiel.

Hoy me inquieta callar,
Dejar correr el viento.
Pero me pesa no poder llorar
Y que todo cese en un lamento.


Federico

sábado, 5 de octubre de 2013

Porque te extraño

Una vez más me dirijo a vos. A vos que no te veo
Porque tu ausencia duele, porque tu ausencia se huele
Porque tus lágrimas ya no están o “están secas”,
porque las cartas estás dispersas en la mesa.

Me dirijo a vos, porque ya no río,
porque a mis recuerdos me los quitó aquel día frío.

Me dirijo a vos porque extraño tu presencia,
Porque extraño tu abrazo, 
tu cara, tu alma y tu adolescente inconsciencia.

 Me dirijo a vos porque te extraño, a vos que creí conocerte,
 pero que al final resultaste un extraño.

Federico
11/09/13




sábado, 14 de septiembre de 2013

...

Presentía que el mundo se le venía abajo y una voz le acobardaba. Bajaba la cabeza, pero los fantasmas lo atravesaban. Corría, pero el piso retrocedía y entonces cada paso que daba era en falso. El resto de los habitantes de su planeta lo despreciaban. El día sólo era noche y la luna, deprimida, no salía a dar su bendición. Sin embargo, paulatinamente, alma y razón comenzaron a entrelazarse y empezaron a allanar el camino (siempre supo que el cerebro era su segundo órgano favorito y que la razón no debía ser obviada). Los fantasmas disminuían; los habitantes: eran transparentes o simplemente ya no prestaban atención, pues la víctima variaba. Los componentes de su corazón le hacían sonreír y continuar, ya que la pena de a poco se esfumaba y como resultado estaba algo desgastada, un tanto difusa. Mañana no era hoy y así nada se podía adelantar… afortunadamente. Dolores añejos visitaban su cuerpo, pero cumplían su ciclo; al fin y al cabo, la felicidad consistía en momentos que se alternaban, de modo que pudo comprender el porqué de cuando le dijeron que valdría la pena pero que no sería fácil ni mucho menos libre de tristezas.
Su transcurrir le resultaba monótono. La soledad sentimental le aquejaba un tanto. Una extraña sensación entre vacío, cansancio y una rutina agitada, no contribuían a que el sujeto se planteara un cambio considerable. El sendero allanado tenía planes de ensancharse aún más, pero  tomar la decisión de concretarlo no era fácil.

No era común en él proyectar demasiado a futuro, o al menos no temas claves de su vida, ya que no era el ser más optimista y sabía entonces que pensar en exceso no lo iba a ayudar. Sucesos de todo tipo se desarrollaban en su vida, nada extraños ni tampoco épicos; nada decisivos, ni tampoco emocionantes. A veces sentía miedo a que la invariable tonalidad de su vivir provocara un quiebre en su vida y esto lo desestructurara un poco. No era propenso ni alentador de los cambios bruscos ni tampoco de aquellos un tanto grises al comienzo. Era bastante cobarde, no obstante algunas veces su valentía le sorprendía. No es que tenía dudas acerca de sí mismo, sino que algunas veces desconocía ciertas actitudes y decisiones que tomaba.
Federico

sábado, 10 de agosto de 2013

Ojos caídos

Ojos caídos, transparente tu mirada
Tu despertar, una fría mañana.
Un aroma a café que me invade, que me llama.

Un cielo gris no sacude mi alma.
No verte al alba enfría mis sábanas.
Esa ausencia… me mata.

Un pájaro golpea mi ventana.
El ave me cuenta que allá afuera una vida se desata,
Que tus ojos han provocado una desgracias que no para.

Mas ya no tiemblo, mas ya te entiendo.
Tu culpa no era tuya.
Tu mirada no era profunda.
Era mi alma, mi alma que no se percataba.

Te dedicaré mis lágrimas y mis memorias.
Te llevaré flores, te llenaré de canciones.
Agradeceré por haberte conocido…

Pero hoy rogaré conocerte.


Federico

viernes, 9 de agosto de 2013

No temas

Este es otro del año pasado.


No temas. No, no temas. Naciste libre, para dar rienda suelta a tu vida, para demostrarle al mundo que un humano también es capaz de volar. No temas, porque el tiempo hará su trabajo: congelará los relojes en alegrías y momentos para que puedas volver a ellos cuando un impulso te falte. No temas, tu alma está esperando que la movilices, que seas tú mismo el norte y la desorientación.

No temas, que tus miedos serán noticias e inmediatamente olvidos, pues si no lo son al menos para ti, la libertad puede que te falte.

¡Oh razón, ¿por qué me castigas?! ¿Por qué te contradices? ¿Será que debo desterrarte para alcanzar el vuelo y trasportarme hacia el nodo al que pertenezco? Si es así, pues entonces vete de mí, porque siembras los peores terrores en mis pensamientos y delirios, y cosechas vendas que me amarran, que me ciegan, que me callan.

Quiero contemplar la realidad, quiero dejar de ser un habitante de la caverna de aquella tan famosa alegoría. Ponle nitidez a mis ojos, que tanta incertidumbre está generando una lucha interna en mi cuerpo.

Dibujo bosquejos de certezas, camino todos los planos, pero ni siquiera sé con claridad sobre qué transcurro últimamente. Busco llenar vacíos, recomponer tristezas; busco en el espacio, en ese infinito mundo de huellas perdidas… de pasados olvidados, de olvidos forzados, de olvidos protectores, de manchas dolorosas. Busco un aliento y lo hago en el polvo, entre cachivaches esperanzados de reconstruir un mapa frágil, pero un camino hacia la potencial verdad.


Es difícil decirte que no temas… pero no dejes de intentarlo.
Federico
30/11/12

viernes, 26 de julio de 2013

El otro yo perturbador

Y te veo, con la mirada perdida, tus labios contraídos y el dolor resumido en una lágrima. Divagas, caminas sin sentido por senderos grises que te llevan a la nada. Espirales, remolinos, figuras circulares. El infinito. El más allá. El allá que nunca es aquí. ¿Cómo expresarte la forma en que te ves? ¿De qué forma te explico lo que me causa imaginarte?
Tu rostro sucio, tu cuerpo lastimado, tus ropas ajadas. Aquel lino alguna vez inmaculado que intenta esconder tus heridas, pero que se deja caer en el triste destino de terminar percudido por el malestar hecho sangre.
No pierdas el tiempo. Regresa, no necesitas irte. Donde quiera que vayas no está tu renacer; y tal vez aquí tampoco, pero este es terreno conocido y aunque paradójico suene, quizá te queda cómodo. Tus pies están cansados, tus fuerzas no son las mismas; no confías en ti, se ve que no sabes quién eres. Pero qué más da. Nada va a cambiar, el sufrimiento es un componente tan tuyo, que dudo que tengas escapatoria.

Sí, soy tu conciencia, y hoy te obligo a que caigas. 

Federico
junio, 2013