Federico
Lo que pienso, lo que siento; aquello que transito. Mi pasado y futuro. Mis palabras, mi mundo, yo.
sábado, 24 de enero de 2015
Palabras desesperadas
Por ahí andamos... vos y yo. Buscando estamos: el paraíso cercano, el sentimiento eterno, el vuelo sin alas, el beso sin peros. Tus labios derrotan las utopías pasadas, los habitantes del closet, las miradas temerosas y las uñas que rasgan nerviosas mis anhelos. Encontré en el fondo de ese iris-arco un sueño miedoso y un pedido de rescate, y luego, en el instante siguiente, junté unas monedas de mi bolsillo y las convertí en millones para saldarlo y así creer erradicar mi frío. Esa pieza de ti, pequeña pero la única indispensable, fue el último peldaño al que escalaste y al que juraste gratitud infinita, amor intenso, guardia nocturna. El mismo te completó y me demostró; tu punto débil, la "constancia" para lograr hacer "pública" tu meta, y el pacto ensangrentador y compañero.
Luego de las líneas de tiempo, del humor necesario, de los ojos obnubilados y el rugir del roce de nuestros planos, el futuro se abalanzó al fuego y se quedó mirando. El crujir de mis entrañas sentí, cuando la esperanza cayó al abismo, cuando el espejo del cuento de hadas dio su ultimatun y condena, y cuando el verdugo gris calló el grito desgarrador. Vos caminabas. Yo, a pesar de todo, caminaba. Los locos se callaban, pues ya los pasos le marcaban al reloj el inicio de su danza sin noticias de final.
Un recuerdo se grabó y unas palabras dije a Dios. El reloj por suerte no cayó y el mago del olvido no llegó.
martes, 9 de diciembre de 2014
Gris
Gris estás.
Gris son las nubes quejosas y el horizonte olvidado.
Gris, muy gris... es el esmog en tus pestañas, tu mirar cansado y la desesperanza consumada.
Gris veo. Todo muy gris.
Gris es el despertar invernal, el caminar del tiempo y el devenir frustrado de mis sentimientos.
Gris, turbio, sombrío, entoldado, tétrico y encapotado.
Gris en mi vagar sin rumbo, mi lamento sin sollozo, mi lúgubre despertar, tu sentir sinuoso.
Gris estamos. Porque el blanco de mis plegarias se percuden con el hollín del destino, del futuro sigiloso, tieso y expectante.
Gris es tu tacto, tu latir, tu porvenir; el combatir contra la nada y el todo, contra el conspirar de los dioses y las fechorías de los demonios.
Gris es jurar pasiones infinitas y planear rumbos inciertos y encuentros con tus manos.
Todo es gris y tú lo sabes.
Las pinceladas ya fueron hechas y los colores se acabaron. Algún cuadro al que no pertenecemos se llenó de carnaval y farsa.
No obstante, ambos tenemos un conocimiento ignoto... el de saber que el tú, el yo y el nuestro no existen, y que el gris nos gusta un poco.
Gris son las nubes quejosas y el horizonte olvidado.
Gris, muy gris... es el esmog en tus pestañas, tu mirar cansado y la desesperanza consumada.
Gris veo. Todo muy gris.
Gris es el despertar invernal, el caminar del tiempo y el devenir frustrado de mis sentimientos.
Gris, turbio, sombrío, entoldado, tétrico y encapotado.
Gris en mi vagar sin rumbo, mi lamento sin sollozo, mi lúgubre despertar, tu sentir sinuoso.
Gris estamos. Porque el blanco de mis plegarias se percuden con el hollín del destino, del futuro sigiloso, tieso y expectante.
Gris es tu tacto, tu latir, tu porvenir; el combatir contra la nada y el todo, contra el conspirar de los dioses y las fechorías de los demonios.
Gris es jurar pasiones infinitas y planear rumbos inciertos y encuentros con tus manos.
Todo es gris y tú lo sabes.
Las pinceladas ya fueron hechas y los colores se acabaron. Algún cuadro al que no pertenecemos se llenó de carnaval y farsa.
No obstante, ambos tenemos un conocimiento ignoto... el de saber que el tú, el yo y el nuestro no existen, y que el gris nos gusta un poco.
Federico
08/12/14
sábado, 12 de julio de 2014
Reflexiones sobre ti
Porque hay que dejar. Y seguir…haciendo lo que los mortales
hacemos. Empujados por el tiempo, manejados por sentimientos, aturdidos por
voces que no quieren cesar.
Todo este día unos centímetros en mi silla esperaron por ti.
Todo este día sentí esperanza.
Todo este día anhelé… verte, olerte, besarte.
Todo este día imaginé. Te imaginé.
Todo este día pude encender tu voz en mi mente para recordar
como sonaba.
Todo este día fantaseé con el placer de nuestro encuentro.
Todo este día pensé que eras lo que quería.
…mas todo este día sólo soñé.
Pues, al terminar, empezó otro y muchas cosas consigo.
Al terminar el día dudé.
Y al terminar el día me angustié.
Al terminar el día me pregunté si eras el mismo sobre el que
había estado pensando el día pasado.
Un tanto entristecido asentí.
Años, situaciones, gustos, ideas y algo más de nosotros no
se encuentran.
Tu silencio resuena.
Tu silencio condena.
Tu silencio despista.
Tu silencio disfraza.
Tu silencio me exaspera.
Tu silencio me agota.
No quiero silencio. No más, porque no sirve.
Contame qué te pasa.
Quién sos, al fin y al cabo.
Quiero conocerte, y que mi piel roce otra piel que pueda
enfrentar el terremoto cotidiano.
Todo este día, y al terminar el mismo, sólo pude hundirme en
tus silencios y saber qué quiero. Tanto y tan poco. Bastante. Dudoso. Quieto.
Federico
12/07/14
sábado, 24 de mayo de 2014
Quédate niñez
No corras, niñez. No huyas de mí. Vuelve. Los grandes no escuchan, se quejan, están apurados; los grandes no me entienden, trabajan, están cansados. Los grandes solo tienen grande el cuerpo y sus arrugas, pues les parece raro que yo me sorprenda y alegre con “poco”, cuando todo eso basta y sobra para ser feliz.
Deambulo intentando encontrarte en algún rincón, buscando alegrarme con un simple color, con apenas una manta que abrigue aquello que soy.
Quiero seguir siendo yo: despertarme con juegos, volar con mi imaginación, hacer magia con mi sonrisa. Si es mucho pedir, pues entonces te ruego un minuto para descansar en el más bello recuerdo de todo aquello que fui hasta hoy, para sumergirme unos segundo en la nostalgia de esos tiempos dorados que no volverán.
Tengo todo un mundo adelante por descubrir, pero que me acobarda a cada instante con sus complicaciones, con sus errores. Y así, entonces, es como entiendo la razón por la que esos hombres y mujeres altos, con edades de dos cifras, añoran su infancia y juventud.
Hoy te escribo para pedirte que te quedes conmigo. Hoy te escribo para decirte que te voy a guardar en un rincón escondido.
Deambulo intentando encontrarte en algún rincón, buscando alegrarme con un simple color, con apenas una manta que abrigue aquello que soy.
Quiero seguir siendo yo: despertarme con juegos, volar con mi imaginación, hacer magia con mi sonrisa. Si es mucho pedir, pues entonces te ruego un minuto para descansar en el más bello recuerdo de todo aquello que fui hasta hoy, para sumergirme unos segundo en la nostalgia de esos tiempos dorados que no volverán.
Tengo todo un mundo adelante por descubrir, pero que me acobarda a cada instante con sus complicaciones, con sus errores. Y así, entonces, es como entiendo la razón por la que esos hombres y mujeres altos, con edades de dos cifras, añoran su infancia y juventud.
Hoy te escribo para pedirte que te quedes conmigo. Hoy te escribo para decirte que te voy a guardar en un rincón escondido.
Federico
28/08/13
domingo, 23 de febrero de 2014
Mi recado
Junto a la mesa te escribo. Desde acá te invoco.
Duele saber que tus pies cansados pisan aquel asfalto aturdido que desconozco. La ciudad con su risa ensordecedora se desliza en la crueldad; en aquella crueldad provocada por ti y por mí, sin el otro.
Sólo quiero que a tu conciencia llegue mi recado: te busqué y te busco.
Escucho tu respiración, el ruido de tus pasos en la lluvia. El gris del cielo te contempla y las lágrimas que el cénit derrama se refugian en tus bolsillos. ¡Qué afortunadas aquellas! Mientras tanto: yo; transcurriendo la cotidianeidad, danzando al compás de las manecillas de aquel reloj que apura mi escueto tiempo. Te busco, espero y desespero. Pero la brisa me mantiene en pié, con su nauseabundo y despiadado optimismo.
Deseo, igual, que a tu conciencia llegue mi recado: te busqué y te busco.
Estás derramando piedras; sé que estás dejando pistas. Y creeme que yo también. Pero una nube de dudas y desencuentros trazan una cordillera en nuestro sendero. Probablemente seamos piezas indiferenciadas en uno de esos juegos de Afrodita y sus secuaces, y estemos sufriendo el combate y la derrota pero sin cruzarnos. Y capaz sea lo más feliz de pensar, porque al fin y al cabo, nuestro encuentro quizás deje víctimas fatales y alguno deba lamentarlo.
Pero sólo quiero que a tu conciencia llegue mi recado: te busqué y te busco.
Ayer éramos dos cuerpos transparentes transcurriendo una dirección paralela. Hoy somos dos hombres que sufren en la búsqueda de su nexo. El destino hace silencio. Yo te espero, vos sos el suspenso.
A tu conciencia, que llegue quiero; que llegue a tu conciencia quiero; quiero, a tu conciencia, que llegue. Que de cualquier forma llegue, que mi recado te llegue.
Sólo quiero que a tu conciencia llegue mi recado: te busqué y te busco.
Escucho tu respiración, el ruido de tus pasos en la lluvia. El gris del cielo te contempla y las lágrimas que el cénit derrama se refugian en tus bolsillos. ¡Qué afortunadas aquellas! Mientras tanto: yo; transcurriendo la cotidianeidad, danzando al compás de las manecillas de aquel reloj que apura mi escueto tiempo. Te busco, espero y desespero. Pero la brisa me mantiene en pié, con su nauseabundo y despiadado optimismo.
Deseo, igual, que a tu conciencia llegue mi recado: te busqué y te busco.
Estás derramando piedras; sé que estás dejando pistas. Y creeme que yo también. Pero una nube de dudas y desencuentros trazan una cordillera en nuestro sendero. Probablemente seamos piezas indiferenciadas en uno de esos juegos de Afrodita y sus secuaces, y estemos sufriendo el combate y la derrota pero sin cruzarnos. Y capaz sea lo más feliz de pensar, porque al fin y al cabo, nuestro encuentro quizás deje víctimas fatales y alguno deba lamentarlo.
Pero sólo quiero que a tu conciencia llegue mi recado: te busqué y te busco.
Ayer éramos dos cuerpos transparentes transcurriendo una dirección paralela. Hoy somos dos hombres que sufren en la búsqueda de su nexo. El destino hace silencio. Yo te espero, vos sos el suspenso.
A tu conciencia, que llegue quiero; que llegue a tu conciencia quiero; quiero, a tu conciencia, que llegue. Que de cualquier forma llegue, que mi recado te llegue.
Federico
miércoles, 20 de noviembre de 2013
Un año más...
...es comprobar quiénes siguen a tu lado, es percatarse de que
uno perdió, tal vez, un 365 días quejándose o fijándose en detalles y en otras
superficialidades que no son más que sucesos temporales. Es una sensación híbrida:
se combinan los triunfos, las metas logradas, las sonrisas desbordantes y esos
momentos inolvidables, junto con aquellos sinsabores que nos recuerdan que
somos mortales y que la felicidad se basa en pequeños momentos que hay que
saber aprovechar. Un año más son sentimientos encontrados, un torbellino de
sucesos que se te vienen a la mente y de planes a futuro para los que este
lapso de tiempo no alcanza; son momentos en que uno se aferra a utopías como
así también destierra ideas que ya no cuadran dentro del marco de pensamiento
“nuevo”. Empezar otro año es disfrutar de ver uno más de estos a cada ser
amado, de poder descubrirle esa sonrisa que va a quedar impresa en tu recuerdo,
de poder abrazarlo con diferentes intensidades, de poder compartir sus
victorias y tropiezos. Sumar un año es intentar mejorar, es aprender del pasado
y es otra oportunidad para caer, porque somos humanos y no nacimos para vivir
una vida perfecta y sintética; es derramar lágrimas por motivos que
desconocíamos, es un año más de exploración y de tesoros encontrados, de aventuras
cotidianas que a veces se asemejan a una odisea.
Algunos me dirán que un año más es sólo eso, como si fuese
poco o como si pudiese medirse a este únicamente a través de pruebas físicas
cada vez más rotundas que nos cuentas del paso del tiempo.
Tal vez algunos digan que hoy hablo esto desde la inexperiencia,
desde el optimismo y la convicción propios de un adolescente que se cree que se
lleva el mundo por delante. Y tal vez sea así, pero también puede que sean un
tanto extremistas y exagerados al emitir una opinión de ese tipo porque la
actitud positiva es algo que no depende de los años sino del espíritu y de la
voluntad de la persona.
Lejos de querer
contarle a la gente en una actitud de soberbia qué se siente sumar un año más a
los 20, lo que quiero es expresar mi humilde, pero no por eso insulsa visión
del paso del tiempo.
Hay años que creo que son decisivos en la vida de alguien;
hay años que te marcan para “todo el viaje,” como diría algún viejo. Y
lógicamente los años van a ser distintos porque cada segundo que pasa es diferente.
Entonces, pues, serán más intensos, otros más estables, otros más dignos de ser
recordados; pero lo que nadie puede discutirme es que expresar que un año no
sirvió es ser un poco desagradecido con la vida y un poco básico en la
percepción y en la “práctica” de la misma.
Federico
lunes, 28 de octubre de 2013
Hoy me inquieta callar...
Hoy me inquieta callar,
dejar correr el viento.
Me intriga dejar mi mente en blanco ,
que no me cuenten más cuentos.
Preciso decir el silencio,
oírlo, dejar que erice mi piel.
Que la bruma me tape,
que mi sollozo no escape.
Necesito un pedacito de cielo,
solo un trocito de aquel,
en el que escupa mis miedos.
Hoy espero sentir tu mano fría en mi pecho
Calmarme, contar cada movimiento en mi piel.
Basarme no más que en hechos
y no pensar en si eres fiel.
Hoy me inquieta callar,
Dejar correr el viento.
Pero me pesa no poder llorar
Y que todo cese en un lamento.
Federico
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